LOLA LA DE FRASQUITO

FALTA EL DIBUJO DEL POSIBLE ESCENARIO QUE COLGARÉ EN BREVE.

Esta obra, muy graciosa por cierto, la escribí el curso pasado 2.009-2.010 y la representaron en la fiesta de fin de curso los alumnos de 4º de mi colegio. C.I.P. Virgen de las Nieves de Granada.

COMPETENCIAS. - Bueno, de hecho se tratan cantidad de competencias. Se trata con sorna el tema de la igualdad de género y varias cosas más que espero descubráis.

VOVABULARIO. - Machista, calzoncillo, "miembra"...

DURACIÓN APROXIMADA. - Es de las más largas. Según el ritmo que cojan puede durar hasta 45 minutos.

DIFICULTAD. - Poca, yo la aconsejaría para niños de tercer ciclo de Primaria.

PERSONAJES:

PRESENTADOR. - Pues eso un niño que presente, yo suelo aprovechar aquellos que no se atreven a representar, los más tímidos, porque leyendo se sienten más seguros.

LOLA. - Niña con gracia, desenvoltura, salero..., ya me entendéis.

NARRADOR. - Lo mismo que para el presentador.

VECINA. - Niña normal.

FRASQUITO. - Niño tranquilo o con cierta gracia.

PRESENTADOR. - ¡Buenos días! Señoras y señores, profesoras y profesores, niños y niñas, miembros y miembras de este colegio los alumnos y alumnas tal curso vamos a representar una obra que se titula “Lola la de Frasquito”

LOLA. – ¡Alto ahí que esto yo no lo puedo tolerar! Yo no me llamo Lola, me llamo Dolores de Cuellar y Bustamante que no es lo mismo.

PRESENTADOR. – Vale y yo qué culpa tengo de eso.

LOLA. – Pues si tienes culpa porque eres un hombre y por lo tanto un machista.

PRESENTADOR. – Mire usted señora que yo pasaba por aquí y me dijeron que presentara esta obra de teatro y eso es lo que he hecho por lo tanto no tengo culpa de nada.

LOLA. – No si eso es lo que decís todos yo no tengo culpa de nada, yo pasaba por aquí, pero en realidad sois todos los hombres iguales unos inútiles y unos machistas.

PRESENTADOR. – Señora ¡que yo no soy un machista de esos!

LOLA. – Pues claro que lo es.

PRESENTADOR. – No lo soy o ¿es que no se ha enterado cuando he presentado este teatro que he dicho bien claro lo de miembros y miembras?

LOLA. – Si he oído lo de miembras pero usted ha dicho una cosa peor y mucho más grave.

PRESENTADOR. - ¿Y qué cosa es esa que he dicho? Además habrá sido sin querer.

LOLA. – No lo ha dicho sin querer, lo ha dicho bien claro y fuerte que iba a presentar la obra de teatro titulada Lola la de Frasquito.

PRESENTADOR. - ¿Y qué tiene eso de malo?

LOLA. – Tiene de malo que, mi vida es real, nada de teatro.

PRESENTADOR. –¿Entonces esto no es un escenario? ¿Y no se va a representar aquí una obra de teatro?

LOLA. – No, esto no es un escenario, es mi casa y además de un momento a otro va a entrar por esa puerta mi marido, así es que ¡hala! Ya se puede ir largando.

PRESENTADOR. - ¡Vale, vale, ya me voy!

(Sale el presentador y Lola se queda sola en el escenario, coge la escoba y se pone a barrer)

NARRADORA. – Esta es la historia de una mujer que como todas las mujeres del mundo no se sentía suficientemente valorada y comprendida.

LOLA. – Esto es el colmo mira que decir que esto es teatro. No me lo puedo creer.

VECINA. - ¿Qué es lo que no puedes creer?

LOLA. - ¡Qué susto me has dado! ¿Por dónde has entrado?

VECINA. – Por la puerta que da la causalidad que estaba abierta. ¿Qué te creías que había caído por la chimenea?

LOLA. – Mira no me hagas reír que no estoy para bromas.

VECINA. - ¿Qué te pasa?

LOLA. - Pues me pasa que al día siguiente de casarme con mi marido la gente ya no me llama Dolores sino la Lola de Frasquito.

VECINA. – Pues mira creo que ahí tienes razón en estar enfadada.

LOLA. – Pues claro que tengo razón yo, por mis apellidos procedo de una de las familias más importantes del mundo pero fue casarme y ahí se acabó todo.

VECINA. - ¿Y qué es lo que te pasó?

LOLA. – Pues que mi marido me encerró en esta casa y no hago otra cosa que barrer, planchar, fregar los platos y lavarle los calzoncillos al burro de mi marido.

VECINA. – Pues me parece muy injusto.

LOLA. – Pues claro que es injusto pero se va a acabar digo si se va a acabar, desde hoy mismo pienso rebelarme.

VECINA. - ¿Y contra quién piensas rebelarte?

LOLA. – Contra el borrico de mi marido que es el que tiene la culpa de todo.

VECINA. - ¿Y qué piensas hacer?

LOLA. – Pues he pensado que como mi marido es un machista yo me voy a hacer feminista.

VECINA. – Pero mujer ¿qué te hace tu marido para que te pongas así?

LOLA. – ¿Que qué me hace? Pues lo vas a ver. Dentro de poco aparecerá por esa puerta y sin darme un beso si quiera me dirá ¡Qué cansado vengo! Anda ponme una cervecita.

VECINA. – Mujer será que viene muy cansado y necesita descansar y tomarse una cervecita.

LOLA. – Eso es imposible.

VECINA. - ¿Por qué?

LOLA. – Porque es funcionario y lo único que hace en la oficina es leer el periódico.

LOLA. – Pero mira por ahí viene, vas a ver como es verdad lo que te he dicho.

NARRADORA. – En ese mismo momento entró el marido de Lola que venía del trabajo.

(Aparece el marido en el escenario y dice)

FRASQUITO. - ¡Qué cansado vengo! Anda ponme una cervecita.

LOLA. – ¿Te convences ahora? ¿Ves como es verdad? Y ahora se sentará en el sillón y me dirá: Quítame los zapatos y ponme las zapatillas.

VECINA. - ¿Eso hace?

LOLA. – Lo vas a ver.

FRASQUITO. – Lola, anda quítame los zapatos y ponme las zapatillas.

VECINA. – Desde luego tenías razón tu marido es un machista.

LOLA. – Si pero esto se va acabar ahora mismo.

VECINA. – ¿Le vas a echar una pelea?

LOLA. – No me voy a pelear, solo le voy a cantar las cuarenta en bastos.

VECINA. – Pues eso lo que yo decía que va a ver pelea y yo me voy no vaya a pillar algo.

(Se va la vecina)

LOLA. – (Dirigiéndose al público) A continuación mi marido me dirá: Lola pon la televisión y ráscame la espalda. Y se va a enterar ese digo que si se va a enterar.

FRASQUITO. – Anda Lola pon la televisión y ráscame la espalda que me pica.

LOLA. – No me da la gana.

MARIDO. – Pero bueno ¿qué mosca te ha picado? ¿A qué viene eso?

LOLA. – Viene a que me acaba de picar la mosca feminista y me ha dicho que tú y yo vamos a hablar ahora mismo de hombre a hombre.

FRASQUITO. – Eso no puede ser.

LOLA. - ¿Por qué?

FRASQUITO. – Porque en esta casa no hay más pantalones que los míos.

LOLA. – Con que si. Pues de ahora en adelante yo me voy a poner los pantalones todos los días.

FRASQUITO. – Bueno entonces habla ¿qué es lo que me tienes que decir?

LOLA. – Te tengo que decir que eres un machista.

FRASQUITO. – Pues vale y ¿qué más?

LOLA. – Que de hoy en adelante en esta casa se ha terminado lo de ser machista. Desde ahora vamos a compartir todas las tareas del hogar.

FRASQUITO. – Vale pues muy bien.

LOLA. – Yo hago unas cosas y tú otras. ¿De acuerdo?

FRASQUITO. – Bueno.

LOLA. –¿No protestas? ¿te parece bien?

FRASQUITO. – No me parece muy bien pero bueno.

LOLA. – Así me gusta pensaba yo que eras un machista y veo que a lo mejor la culpa la tenía yo por tenerte tan consentido.

FRASQUITO. – ¿Ya hemos terminado de hablar de hombre a hombre?

LOLA. – Si ya hemos terminado.

FRASQUITO. – Pues entonces venga sírveme la comida bien calentita, luego me pones la televisión y cuando termine de comer mientras tu friegas los platos yo me hecho una siestecita.

LOLA. – Pero bueno tendrás cara. ¿No hemos quedado que íbamos a compartir las tareas de la casa?

FRASQUITO. – Si claro.

LOLA. – Pues entonces vamos a poner la mesa entre los dos, tu pones los cubiertos y las servilletas y yo los platos, luego yo te sirvo la sopa y tu me pones un poquito de vino y al final yo traigo el postre.

FRASQUITO. – Mira Lola déjate de tonterías lo mejor será que tu pongas la comida como todos los días y luego yo si quieres te friego los platos.

LOLA. – Pues no me parece bien pero bueno por algo hay que empezar, vale.

(Hacen como que comen)

LOLA. - ¿No tienes nada que decir?

FRASQUITO. - ¿Y qué quieres que diga?

LOLA. – Quiero que me digas que te gusta mucho la comida que para eso he estado toda la mañana cocinando.

FRASQUITO. – Bueno.

LOLA. - ¿Qué significa bueno?

FRASQUITO. – Pues que no está mala.

LOLA. – Si dices que no está mala será porque te parece buena.

FRASQUITO. – Pues tampoco.

LOLA. – Ya estamos aclárate hijo que no hay quien te entienda.

FRASQUITO. – Pues eso que no está mala pero tampoco buena.

LOLA. – Tu lo que pasa es que nunca me dices nada bueno porque eres un machista.

FRASQUITO. - Ya empezamos otra vez con lo del machismo.

LOLA. – Bueno, ¿has terminado ya de comer?

FRASQUITO. – Si.

LOLA. – Pues entonces recoge la mesa y friega los platos.

FRASQUITO. – Mira lo he pensado mejor y creo que dejaré de ser machista mañana o la semana que viene.

LOLA. - ¿Entonces no piensas fregar los platos?

FRASQUITO. – No

LOLA. – Muy bien pues entonces yo me hago feminista y no pienso hacerte la comida, ni la cama, ni servirte una cervecita, ni rascarte la espalda ni nada de nada.

FRASQUITO. – Pues si tú ya no me vas a poner la cervecita cuando venga del trabajo, ni ponerme las zapatillas ni rascarme la espalda mi vida ya no tiene sentido y yo me muero.

LOLA. – ¿Qué tú te vas a morir? ¡No me lo puedo creer!

FRASQUITO. – Pues ahora mismo me muero, quita los platos que me voy a morir encima de la mesa.

LOLA. – Quítalos tú que yo me he hecho feminista y ya no te obedezco.

FRASQUITO. – Esto es el colmo, ¿quién le habrá metido en la cabeza esas ideas a mi mujer? Bueno pues yo quito los platos y ahora me muero.

(Quita los platos, se acuesta sobre la mesa y se hace el muerto)

FRASQUITO. – Ya estoy muerto, que lo sepas.

LOLA. - ¡Ja, ja, ja! Me río yo de este muerto.

FRASQUITO. – Pues no te rías que es verdad.

LOLA. – Si es verdad que estás muerto ¿por qué hablas? Los muertos no hablan.

FRASQUITO. – Es verdad. Pues ahora mismo me callo para siempre.

LOLA. – Vale pues yo ahora me pongo a cantar y a bailar de la alegría que me da de que te hayas muerto. (Se pone a cantar poropopo poroporopopero)

FRASQUITO. – ¿No te da vergüenza?

LOLA. - ¿De qué?

FRASQUITO. – De que se haya muerto tu marido y tú te pongas a cantar tan tranquila. Deberías ponerte a llorar.

LOLA. – Pues ya ves, no lloro y además me río. Además como no te callas pues no se me mete en la cabeza de que estás muerto.

FRASQUITO. – Es que siempre se me olvida de que me he muerto. Tengo muy mala memoria pero ahora ya me callo.

LOLA. – Lo que tú tienes es mucha cara.

FRASQUITO. – (Hace un gesto SSSSSSSSSSSSSS) No me tires de la lengua que estoy muerto.

LOLA. - ¿Vas a seguir muerto todo el día?

FRASQUITO. – Sí y deja de hablarme ya de una vez es que ya no puede uno ni morirse tranquilo.

LOLA. – Muy bien pues entonces voy a avisar al médico para que firme el certificado de defunción.

FRASQUITO. – (Hace un gesto de que lo deje en paz)

LOLA. – (Hace como que llama por teléfono) ¿Es usted el médico? Pues entonces haga el favor de venir a mi casa que se ha muerto mi marido.

(Sube el médico al escenario)

NARRADORA. – A los cinco minutos llegó el médico diciendo que tenía mucha prisa.

MÉDICO. - ¡Buenos días señora! Dígame donde está el muerto que yo tengo mucha prisa.

LOLA. – Está ahí sobre la mesa. Mírelo.

MÉDICO. – Un muerto sobre la mesa del comedor. ¡Qué raro! Dígame ¿qué le pasó? ¿De qué se ha muerto?

LOLA. – De nada. Solo dijo que se moría y se murió.

MÉDICO. – Le habrá dado un ataque al corazón, pero esto es muy raro, no tiene cara de muerto.

LOLA. – Pues eso digo yo pero lo he llamado para que certifique que está muerto.

MÉDICO. – Antes tengo que comprobarlo. Vamos a ver. (Le levanta un brazo y se le cae, le levanta una pierna y también se le cae) Si parece que está muerto. Voy a hacerle otra prueba. (Se acerca al oído del muerto y le dice)

¡Marrano, pedorro, cabezón!

(El muerto no dice nada)

Si, parece que está muerto de verdad. Voy a firmar el certificado de defunción. Tenga usted. Son cien euros.

LOLA. - ¡Que caro! ¿Tanto cuesta morirse?

MÉDICO. – Si señora que se ha puesto muy cara la vida y también la muerte.

LOLA. – Pues tenga usted. ( Le da el dinero y se despide el médico)

MÉDICO. - ¡Adiós! Señora le doy mi más sentido pésame!

NARRADORA. – Cuando se fue el médico Lola intentó de nuevo convencer a su marido para que dejara de hacerse el muerto.

LOLA. – Mira lo que has hecho, cabezón que eres un cabezón, tu muerte me ha costado ya cien euros. Deja ya de hacer el tonto y ponte a fregar los platos.

FRASQUITO. – De eso nada prefiero seguir muerto.

LOLA. – Mira que aviso a la funeraria.

FRASQUITO. – Pues avísala, me da lo mismo.

LOLA. – Ahora mismo aviso a los de la funeraria voy a llamar por teléfono. (Hace como que llama por teléfono) ¿Es ahí la funeraria? Pues entonces vengan a mi casa que tengo un muerto y lo tienen que llevar al cementerio.

(Viene el de la funeraria)

NARRADORA. – A los pocos minutos llegó el funerario para tomar nota de todos los detalles para el funeral.

FUNERARIO. - ¡Buenos días señora! Soy de la funeraria “El muerto alegre” ¿Dónde está el muerto?

LOLA. – Está aquí sobre la mesa. Mírelo.

(El de la funeraria examina al muerto)

FUNERARIO. – Vaya es la primera vez que veo un muerto en la mesa del comedor. ¿Cómo fue eso?

LOLA. – Pues nada que le entró prisa por morirse y se murió aquí en la mesa que no quiso ni meterse en la cama.

FUNERARIO. - El caso es que tampoco tiene mucha cara de muerto. ¿De qué murió?

LOLA. – De nada. Se encabezonó que quería morirse y se murió tal cual.

FUNERARIO. – Hay que ser cabezón y tonto de capirote pero bueno allá él. Vamos al asunto. ¿Cómo quiere el ataúd?

LOLA. – El más barato que tenga.

FUNERARIO. – Entonces uno de cartón ¿Quiere que le pongamos alguna corona de flores?

LOLA. – Ninguna. Solo quiero que le pongan un letrero encima del ataúd.

FUNERARIO. - ¿Y qué quiere que pongamos en el letrero?

LOLA. – Quiero que pongan. “Murió por machista y por no querer fregar los platos”

FUNERARIO. – Muy bien señora. Otra cosa. ¿Qué coche fúnebre quiere que le mandemos? Una limusina, un mercedes, un seiscientos…

LOLA. – Quiero lo más barato que tengan.

FUNERARIO. – Lo más barato que tenemos es una carretilla pero es chica y se le salen las piernas fuera al muerto.

LOLA. – Es igual él no se entera de nada, mándeme la carretilla.

FUNERARIO. – Bueno señora, dentro de un momento recibirá usted el pedido y vendremos a llevarnos al muerto. Reciba usted mi más sentido pésame. ¡Adiós!

(Sale del escenario el funerario)

NARRADORA. – Cuando se fue el funerario Frasquito se volvió a pelear con su mujer.

FRASQUITO. - ¿No te da vergüenza?

LOLA. - ¿De qué?

FRASQUITO. – De encargar una carretilla para que me lleven al cementerio. Creo que me merezco por lo menos un mercedes.

LOLA. – Me da la misma vergüenza que te da a ti morirte por no fregar los platos.

FRASQUITO. – Toda la vida trabajando para que te lleven al cementerio en una carretilla, a esto no hay derecho.

LOLA. – Pues no te mueras y así no tendrán que llevarte en la carretilla.

FRASQUITO. – ¿Si resucito tendré que fregar los platos?

LOLA. – Pues claro. Eso lo primero y luego me tendrás que ayudar a limpiar la casa, poner la lavadora y planchar la ropa que es lo que más me cuesta.

FRASQUITO. – Calla, calla, no sigas prefiero seguir muerto.

NARRADORA. – En este preciso momento llamaron a la puerta, eran dos hombres amigos de Frasquito que se habían enterado de que se había muerto y venían a darle el pésame a la viuda.

AMIGO I. – Buenos días Lola nos hemos enterado que Frasquito se ha muerto y hemos venido a darte el pésame.

LOLA. – Muchas gracias por venir.

AMIGO II. – ¿Podemos ver a Frasquito?

LOLA. – Si pasad, está aquí encima de la mesa.

AMIGO I. - ¿Y por qué está aquí encima de la mesa?

LOLA. – Porque le entró tanta prisa por morirse que no quiso irse a la cama.

AMIGO II. – ¿Y de qué enfermedad murió?

LOLA. – De ninguna dijo que se moría y se murió.

AMIGO I. - No me extraña nada Frasquito siempre fue un caprichoso y un cabezón.

LOLA. – Si y además un machista.

AMIGO II. – Tienes razón, Lola, no te de pena porque no has perdido gran cosa, lo entierras y te casas con otro y ya está.

LOLA. Pues eso digo yo que a rey muerto rey puesto. En cuanto lo entierre esta tarde me voy a la discoteca.

AMIGO I. – Muy bien dicho, si quieres vamos contigo y celebramos el acontecimiento.

AMIGO II. – Eso y que Frasquito se fastidie y que se muera de envidia si quiere.

LOLA. – Bueno pues entonces hasta luego, nos vemos a las doce en la discoteca.

AMIGOS. – ¡Adiós!

NARRADORA. – Un minuto después vinieron a ver a Lola dos amigas de toda la vida.

AMIGA I. - ¡Hola Lola! Mira que nos hemos enterado de lo que le ha pasado a tu marido y hemos venido a darte la enhorabuena.

LOLA. – Querréis decir el pésame.

AMIGA II. – No, queremos decir la enhorabuena, que nosotras sabíamos como era tu marido y ahora te vas a quedar como el perro al que le quitan las pulgas.

LOLA. – Pues si amigas, es verdad, estoy loca de contenta. Como que lo tengo aquí muerto y no me entran ganas de llorar ni nada.

AMIGA I. – Pues claro y además ahora tendrás tiempo para venirte con nosotras a marujear por ahí.

AMIGA II. – Eso, si quieres esta misma tarde nos vamos de compras las tres al Corte Inglés.

LOLA. – No puedo, me tengo que quedar para llorar un poquito durante el entierro.

AMIGA I. - ¡Qué dices! Este no se merece ni que lo llores un segundo ya se encargarán de enterrarlo los de la funeraria.

AMIGA II. – Eso, tu te vienes con nosotras y lo dejas ahí solo.

LOLA. – Pues tenéis razón me voy con vosotras, esperarme ahí fuera en la calle que me voy a poner los zapatos de tacón y a pintarme los labios.

(Salen las amigas de Lola)

NARRADORA. – A estas alturas el muerto ya se estaba preocupando un poco.

FRASQUITO. – Lola, ven aquí, ¿qué es eso que estoy oyendo de que te vas con tus amigas al Corte Inglés?

LOLA. – Pues la verdad, que ahora me voy al Corte Inglés y después a la discoteca con tus amigos.

FRASQUITO. - ¿Y no vas a venir a mi entierro?

LOLA. – No porque no te lo mereces por machista y por cabezón.

FRASQUITO. – Desde luego si no lo veo no lo creo.

LOLA. – Pues si no te gusta todavía estás a tiempo, resucitas, friegas los platos y en paz.

FRASQUITO. – Pues no quiero fregar los platos.

LOLA. – Pues entonces a callar.

NARRADORA. – En este momento llegaron los padres de Lola.

FRASQUITO. – Lo que me faltaba, ahora vienen mis suegros.

SUEGRA. – Hija mía que nos hemos enterado que se ha muerto el cabezón de tu marido y hemos venido corriendo.

SUEGRO. – Si y hemos traído una botella de champán para celebrarlo, ¿Estarás contenta de que por fin vuelves a estar soltera, no?

LOLA. – Si claro.

SUEGRA. – Y como dice tu padre, no has perdido nada, porque además creo que Frasquito era un machista.

LOLA. – Si, era un machista y se ha muerto porque no ha querido fregar los platos.

SUEGRO. – Pues ahora que está muerto y no se entera voy a tirarle de las orejas que tenía yo ganas desde hace mucho tiempo.

SUEGRA. – Y yo voy a decirle cuatro cosas que también tenía ganas de decirle.

FRASQUITO. - ¡Alto ahí! Ustedes ni me tiran de las orejas ni me van a decir nada.

SUEGRO. – Pero bueno, ¿no estabas muerto?

FRASQUITO. – Estaba pero acabo de resucitar.

SUEGRA. – Pues vaya mala suerte, vámonos a nuestra casa, se acabó la fiesta.

LOLA. - ¡Un momento! No os vayáis todavía. Esto tiene que aclararse.

SUEGRO. – Qué es lo que se va a aclarar ¿si tu marido ya no está muerto?

LOLA. – Quiero hacerle una pregunta.

FRASQUITO. - ¿Qué me quieres preguntar?

LOLA. - ¿Vas a dejar de ser machista y vas a fregar los platos?

FRASQUITO. – Si y además te voy a ayudar en todas las demás tareas.

LOLA. – Muy bien así me gusta y ahora para celebrarlo tu y yo nos vamos al cine.

FRASQUITO. – Y además le diré a todos que te llamen Dolores de Cuellar y Bustamente en vez de Lola la de Frasquito.

LOLA. – Pues hala vámonos todos y colorín colorado el teatro ha terminado.


FIN